Se veía venir.
Hemos jugado con fuego toda la temporada y el sudoku de la permanencia no había por donde cogerlo. El Cádiz no supo cómo agarrarse al paso fronterizo entre el paraíso de los sueños de Primera y el infierno terrorífico de la Segunda B. Volvemos al Pozo, y en el Centenario, o sea, más dolor para una Afición con mayúsculas que llena domingo sí y domingo también el Ramón de Carranza. Si os soy sincero, los exámenes y los red bulls me tienen las neuronas atrofiadas. Pero tengo la imperiosa necesidad de al menos mencionar mi punto de vista sobre mi Cádiz C.F. con varios argumentos que aquí os expongo. Advierto, hoy intentaré ser breve, escueto y conciso. No me gusta hacer leña al árbol caído. Pero sin lugar a dudas, la ardua tarea de explicar cuando uno está dolido y jodido por dentro es un elemento muy higiénico y terapéutico. Resumiré el periplo del Cádiz en Segunda en siete puntos:
- La mala gestión en la confección y planificación de la plantilla ha sido un lastre para el conjunto amarillo. Se fichó poco y mal. Peguero firmó a jugadores como Tristán sin escuchar a Javi Gracia. No hubo conexión entre ambos en verano. Si empezaba a salir mal la cosa, Javi Gracia sería el primero en caer. Y así fue. El técnico navarro no utilizó todos los recursos de los que disponía. Aunque también, no fueron peticiones expresas, que digamos. Ascendió al Cádiz a Segunda a la primera y aguantamos sus cabezonerías menos de lo que se merecía. Lo que el viento se llevó.
- La llegada de Víctor Espárrago, propuesta por el señor Muñoz, era más por cubrirse las espaldas que por pleno convencimiento. Hace dos años se le pidió auxilio al técnico uruguayo y no se sentía capacitado para revertir la situación. Acabamos bajando en Alicante con aquel penalti fallado por Abraham Paz (hoy el central gaditano ha subido con el Hércules). Y este año, era ese abuelo que acudía como salvador al rescate para cuidar a los nietos. Al final, un poquito más y no hay que atenderle a él. Inexplicable lo acontecido en Huesca. Como la canción, Espárrago, de Primera a Segunda B. Lo que el viento se llevó.
- Le pese a quien le pese con las S.A.D. vendimos nuestra alma al diablo. Ha sido la ruina del fútbol. Que no vengan con cuentos ni fábulas maravillosas. Ya no existen los socios, sólo abonados, el Cádiz C.F. es de un señorito, accionista mayoritario que quita, echa y pone a su gusto. Muñoz ha dimitido. Se abre la posibilidad de un nuevo Cádiz. A veces hay que dar un pasito hacia atrás para dar dos hacia adelante. Bajamos al Pozo pero nos quitamos un peso de encima. El ambiente estaba muy enrarecido y la crispación era absoluta. Lo que el viento se llevó.
- Manda huevos. Con perdón. Mientras la crisis y el paro no cesan en La Tacita de Plata, el haberse gastado el dinero para una Tribuna nueva es alejarse de la realidad social que nos rodea y una estupidez tan grande como sentirse orgullosos de estos jugadores. Unos futbolistas que saldrán por la puerta de atrás, sin el compromiso de subir al Cádiz de donde lo bajaron. Lo que el viento se llevó. Hasta podría paralizarse la obra del estadio. Lo que el viento se llevó.
- En honor a José Saramago, una frase que nos viene muy bien a los cadistas: "Siempre acabamos llegando a donde nos esperan". Pues a nosotros nos tocaba otra vez el Pozo de Segunda B. Toca resignación. La vida es empezar y volver a empezar. No hay que venirse abajo. Sequémonos las lágrimas. Volvemos a ser el Madrid o el Barcelona de la Divisón de Bronce. Han querido que sea con el mejor estadio. Y sobre todo será con la mejor afición. Eso es lo único que el viento no se llevó.
-Debemos apelar a: "El Mito del eterno retorno". Hace dos años también bajamos a Segunda B. Y luego España ganó la Eurocopa. Yo estaba estudiando. La Historia se repite. Los pequeños jugones nos entregarán una anestesia vacunadora para olvidar que nuestro Cádiz tiene un virus llamado rimbombantemente El Pozo infernal de Segunda B. Lo que el viento se llevó. Aprenderán de una vez por todas. Volveremos pronto.
-El Centenario será duro, pero el tiempo todo lo cura. Las heridas, la decepcion, el llano, el dolor y la desesperación también se convertirán en lo que el viento se llevó. Siempre hemos dado ejemplo y hemos marcado tendencia. Ese "Alcohol, alcohol, alcohol, hemos venido a emborracharnos y el resultado nos da igual" lleva nuestra seña. Será en Segunda B. ¿Y qué? Vuelvo a emborracharme de estudiar. Y por supuesto ya he perdido el hilo. Lo que el viento se llevó. No queda nada. Pero persiste el cadismo. Es el momento idóneo para sembrar nuevos frutos. Es la oportunidad para la cantera. El viento se llevó muchas cosas, pero por mucho que en nuestra zona sople fuerte el levante, no la más importante. El sentimiento cadista sigue impregnando nuestras venas.
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