Minuto 92 de partido.
Se consuma una derrota más del Atleti a domicilio y ante un rival menor, cuando la cabeza de Ibrahima envía al fondo de la red un buen centro de Jurado. En un arrebato de fe, lo primero que hago es mirar la aguja más larga de mi reloj, en la búsqueda soñadora de algunos segundos que nos permitan colgar un último balón a la desesperada. Pero cuando vuelvo la vista me encuentro una piña de jugadores rojiblancos celebrando el tanto del canterano. No entiendo nada. En el banquillo sucede lo mismo. ¿Por qué no cogen el balón del fondo de la red y lo llevan al centro del campo? ¿Qué estamos celebrando? Por unos instantes creí que se me había escapado algo. ¿Un gol de Agüero tal vez? El marcador me confirma que no estoy loco. 1-1 en La Romareda, tiempo de descuento.Cuando acabó el partido lo entendí todo. Lo sucedido se debe a una muestra de conformismo barato y mediocridad, conceptos inadmisibles para nadie que lleve el escudo del Atlético de Madrid en el pecho. Al parecer, el gol del Zaragoza y la expulsión de Reyes habían sepultado las últimas esperanzas de llevar al equipo a Europa. La importancia del empate no era el punto sumado de más, sino los puntos de menos para el conjunto maño, supongo que rival directo por la permanencia. Entiendo que esto debieron pensar Quique y los suyos.
Vimos un Atlético diferente, más espeso que en los últimos partidos. Los equipos a los que nos enfrentamos ya conocen el camino fácil para bloquear nuestro ataque: pegarle a Reyes hasta en el carnet de identidad. El jugador va a acabar con complejo de vaca, porque se pasa todo el partido comiendo hierba. Su arranque y velocidad le convierten en carne de cañón, sobretodo cuando la política de fichajes de los clubes españoles pasa por traer los mejores mercenarios y sicarios contra la “calidad individual”. Y claro, en la enésima jugada en la que el Zaragoza cortaba su avance por lo sano de la patada y el agarrón insanos, Reyes soltó algo el brazo. Expulsión tan inmerecida como comprensible su actitud, harto de comer pasto y oler a reflex.
Y así estamos, a 11 puntos del descenso, 10 de la Europa League y 12 de la Champions. La distancia es similar, así que cada cual mire para donde quiera. Yo seguiré haciéndolo para arriba, que para abajo me da vértigo, y prefiero el dolor de cuello.
Mr.Dangerous





lunes 08 mar a las 13:01