Hace tiempo que leí la historia de una deportista, antigua campeona olímpica, que entrenaba, en un lago helado, sus piruetas.
Era la mejor patinadora sobre hielo del mundo hasta que un día la superficie helada del lago se resquebrajó y ella se hundió en el mismo sitio donde siempre había triunfado. Su marido y sus fans no tuvieron otro remedio que guardar para su memoria todos los movimientos imposibles que la dulce patinadora llevaba a cabo sobre el mencionado lago helado.Después de cosechar un punto de los seis posibles contra el Rubin Kazan, el ballet blaugrana está en disposición de no percibir a tiempo las grietas del lago y dejar de bailar en la competición donde triunfan los mejores patinadores llegados de todos los rincones de Europa. Los pasos, las carreras o la técnica que se precisa para cada movimiento, siguen siendo las mismas que las del año pasado pero, a diferencia de lo que ocurría la temporada pasada, está fallando la finura, el impulso final, ese movimiento que cierra la consecución de una elaboración y preparación para el salto decisivo. El fútbol del Barça es el mejor ejemplo de la articulación de lo colectivo, pero a día de hoy, me parece, es posible detectar qué piezas fallan en el engranaje; el ataque.
Si lo digo en otras palabras puedo acudir al frío mundo de los números y decir que hemos anotado tres goles en cuatro partidos o bien destacar lo que escuché ayer en la radio y hoy el leído por ahí, 11% de acierto de cara a gol en Champions.
Creo que el equipo se merece un voto de confianza pero también opino que es necesario empezar a practicar las salidas de emergencia. Digo esto porque a día de hoy no dependemos de nosotros mismos para terminar primeros de grupo y que es OBLIGATORIO ganar al Inter en casa y volver, en este caso a Ucrania, al frío para rematar la faena; ah, eso sí, sin meriendas ni cenas.
El día que el lago helado se rompió no hubo ningún aviso previo, simplemente ocurrió. No fue debido a un error de la patinadora, si no fuera porque el verano anterior se había confiado un poco más de la cuenta y, a diferencia de otros periodos estivales, se había servido de su anterior éxito para tener la conciencia tranquila y no desgastarse tanto cuando las primeras nevadas llegaron. El Barça no se desliza como se deslizaba y, últimamente, cuando jugamos en los lagos helados de otros equipos, parece que éstos ya saben cómo y cuándo hay que saltar encima de la superficie para que el delicado equilibrio del conjunto pierda la sincronía, que se precisa para seguir dibujando las mejores jugadas en cada momento, así que hay que empezar a atender al hecho de que ya se observan algunas grietas.
Molloy





jueves 05 nov a las 10:52