No quedan más excusas para un equipo que se le exige todo y más, así que toca mirarse al espejo y preguntarse por qué el 2010 empieza con este titubeo que llama, a escondidas, a la puerta de la Señora Duda, que siempre te acompaña cuando crees que estás en el cielo o ante una situación inmejorable, casi perfecta.
p>El juego del Barça puede llegar a parecer sistemático pero requiere de una conjunción de muchos factores para naturalizar toda la sofisticación que esconde para sí. Y ayer, efectivamente, faltaba una pieza fundamental en el engranaje de toda la maquinaria, porque la presencia de Xavi es definitivamente necesaria.
La consecuencia: nefasto resultado que se cuela entre la espléndida noticia de la vuelta de Milito más la inclusión de Alcántara en el once inicial, que saltó ayer para defender el título de Copa. El año pasado el sorteo nos sonrió hasta los cuartos de final, pero en la presente campaña las bolitas han dibujado un cuadro tenebroso y exigente para un conjunto que pierde durante un mes a dos piezas clave en el centro del campo, gracias a las cuales Guardiola puede conjugar muchas posibilidades a la hora de hacer bailar varios jugadores en distintas posiciones; Keita y Yayá, os extrañamos.
Sin embargo, los primeros veinte minutos fueron más o menos aceptables. Pedro, Iniesta y Messi se encargaron de enchufar el ritmo del partido a una velocidad suficientemente adecuada para que los tres extremos puros, con los que saltó el Sevilla al campo, se preocuparan más de defender que buscar las cosquillas a Alves y Maxwell, los dos laterales cuya tarea en la construcción del juego se ha convertido en cuestión de estado a la hora de generar espacios en el centro el campo, para que se así se multipliquen las posibilidades de representación de cada uno de los jugadores ofensivos del equipo.
No obstante, el Sevilla se sirvió de todo lo que pudo para cortar de raíz este casi fulgurante inicio culé, pero no cómo lo hizo el Villareal, siempre respetuoso con el código de honor del juego, sino de mala manera, con pillería barata tan poco digna como bienvenida por el colegiado.
El segundo tiempo, más de lo mismo, pero con un incremento del voltaje. La entrada de Ibra volvió a encauzar el encuentro, hasta que en medio minuto pasamos de un posible penalti a un extraño gol de Capel, quien martirizó a Maxwell de mala manera. Creo que el resto del encuentro casi no se jugó y todo el mundo ya estaba más pendiente de lo que hacia el árbitro que de tratar de buscar un rincón de calma, para reflexionar, y pensar que el partido tenía 90 minutos más, opino que este es el mayor error que se cometió ayer.
La derrota puede llegar a condicionar las siguientes alineaciones si Guardiola decide recuperar el terreno perdido en el Pizjuán la próxima semana. De ser así es posible que el nefasto lema impuesto por alguien indeterminado, pero que todo lo controla -quizá la fuerza del mercado- 'Tot guanyat, tot per guanyar', se vaya al garete en un tris.
No sé si en ocasiones es mejor ser fiel a la imposibilidad de lo perfecto, que tener como meta dos palabras que apuntan hacia la totalidad (tot/todo). Cuando se busca la perfección es mejor seguir lo que dicen algunas de las estrofas (ahora salteadas) de Dylan, en Trying to Get to Heaven: 'trato de llegar al cielo antes de que me cierren las puertas y cuando creo que lo he perdido todo siempre me queda algo más que perder'.
Y este, creo, es el camino que hay que seguir; dejarse ya de una vez por todas de un optimismo fundamentalista para tocar de pies en el cielo y saber esto mismo, que es posible que este año las puertas estén cerradas y que la Señora Dudada va a estar mirando con lupa cada huella que hemos dejado por este nuevo camino.
molloy







miércoles 06 ene a las 10:16
¿qué significado tiene esta derrota? Pues que vamos justos. ¿quién es el culpable de esto? La secretaría técnica. El año anterior para partidos como este contábamos con jugadores de la talla de Gudjohnsen o Hleb, hoy las alternativas son menos.