FC Barcelona

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    17/01/2010 10:49

    Fidelidad al error

    No podía ocurrir de otro modo, no entraba dentro de las posibilidades tumbar al Sevilla con otro resultado que no contuviera un saco de goles suficiente abultado como para recordar, hasta que termine la segunda vuelta y volvamos a Sevilla, quién es el Barça.

    Pero no sólo al rival de ayer, también al segundo clasificado, quien perdió donde nosotros empatamos.

    El partido de ayer era de vital importancia por ser el último antes de afrontar una serie de encuentros, hasta bien entrado febrero, en los que únicamente tendremos que centrarnos en un rival, para el cual dispondremos de siete días para prepararlo y analizarlo como es debido.

    No obstante, los prolegómenos del encuentro invitaban a pensar en el susto, especialmente debido al hecho de que el jueves se filtró la posible renovación de Guardiola y también porque el mismo técnico volvió a sentarse en la mesa, desde donde obra sus misas, para advertir a todo el mundo de que era la última vez que algo extradeportivo distraía la atención sobre lo deportivo.

    El primer tiempo fue sufrido. El Sevilla, que repetía defensa por tercera ocasión consecutiva, venía dispuesto a escribir el mismo guión que en los dos últimos encuentros: presión, patadas, pérdida de tiempo y a esperar a que suene la flauta. El Barça, por su parte, sabiendo que el segundo clasificado ya necesita que pinchemos, como mínimo, en dos ocasiones, porque estaba virtualmente a cinco puntos, salió con todo, dispuesto a tumbar al conjunto de Jímenez.

    Supongo que en la mente de los jugadores anidaba el concepto reválida (así como sus múltiples acepciones y connotaciones semánticas). Afrontar una situación sin la calma y serenidad suficiente como para dejarse guiar, aunque siempre es positivo que en la toma de una decisión se entrecruce lo desconocido -que nos mueve (aunque no lo sepamos)- por un recelo como es la eliminación copera es, sin duda, un peligro añadido.

    El ostracismo no se interpuso en el camino pero si que se veía en la cuneta del mismo durante algunas fases del encuentro, ya fuera en el terreno de juego o en la extraña pasión de la hinchada que ayer me rodeaba en el estadio: no se puede estar criticando y lanzando despropósitos contra tus jugadores y empezar a animar desconsoladamente cuando se mira el marcador y uno sonríe (otro día nos referiremos al reciente comentario de Antoni Bassas sobre la cohabitación de distintas generaciones culé en el Camp Nou).

    De casi todos era sabido que una vez el marcador tuviera otro signo, que no fuera el doble 0, el partido se abriría y que el Sevilla hincaría la rodilla. El modo en que esto sucedió es otro ejemplo de la paciencia del Barça, y de esa capacidad que atesoran los jugadores a la hora de confiar en un plan y, al mismo tiempo, dejarse llevar por los instintos. 

    Dejaremos las palabras que hablan sobre récords para otros lugares y programas televisivos y hablaremos de los 9 goles que el conjunto ha marcado en los dos últimos encuentros de Liga para, qué maravilla mis queridos hinchas, dejar constancia de quién es el líder de la liga y aplaudir a un equipo que no deja de animarnos a que le sigamos. La situación es inmejorable. 

    Si el símil fuera un combate de boxeo se podría afirmar que el Barça pegó por todos los costados en los primeros cinco asaltos, desgastando al rival, confiando en el momento en que el adversario se iba a despistar para, ¡zas!, atizar el golpe definitivo. Pero también es verdad que en ocasiones me recuerda a esa escena de aquella maravillosa película de Gonzalo Suárez, 'El epílogo, en la que Rocabruno entrena como artista simulando que es boxeador, cuando observa sus puntos débiles cuando, al situar una luz de escritorio detrás suyo, se enfrenta a su propia sombra y se da cuenta de que es demasiado fiel para con sus propios errores. Ayer vimos pocos errores, pero lo que si se pudo observar es esta extraña confianza de la que estamos hablando, porque en todos los partidos no hay nada que sea perfecto, pero seguir confiando en este método, aún sabiendo que contiene uno o más errores, es simplemente de locos; una locura que, por cierto, es simpática, agresivamente adictiva y dulcemente sabia, como decimos, es el camino a seguir. 

     

    Molloy

    Añadir comentario 1 comentarios Página 1 de 1 < 1 >

    #1 - Macanudo Pizzi:
    domingo 17 ene a las 11:37
    Creo que la renta de cinco puntos ya es una buena brecha si tenemos en cuenta lo ajustada que está la Liga este año. A diferencia del curso anterior este año todo está muy reñido y tener dos/tres partidos de margen sabiendo que sólo tenemos que pensar en un partido por semana, es un lujo. Lo que más me gusto ayer fue la paciencia con la que afrontaron el partido y efectivamente, después de perder la eliminatoria con el mismo 11, va y lo repito. Estamos todos con Pep, aunque en ocasiones nos lleve a la derrota.
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