Se ha cumplido una vuelta entera del campeonato liguero y todo son alegrías en Can Barça; primer puesto, cinco puntos de ventaja, ningún partido perdido, nunca hemos estado por debajo en el marcador en lo que va de Liga, equipo menos goleado, Messi pichichi, un juego que no tiene parangón y una plantilla formada por jugadores que son un ejemplo de la deportividad para el resto de niños: ahí es nada.
p>En Zorrilla se volvió a repetir el patrón de los últimos encuentros, se aprecia cierto gusto por parte de nuestros rivales a la hora de presionar arriba y tratar de buscarnos las cosquillas en la salida del balón. Las sacudidas iniciales las zanjó Valdés con un par de paradas, quien, por cierto, sólo ha encajado 10 goles en 19 partidos, cuatro de los cuales a partir del minuto 89 (Mallorca, Zaragoza, Osasuna y Bilbao). Ya empieza a notarse el lado positivo de la eliminación copera porque el conjunto trabaja nuevos conceptos que sirven para mejorar los detalles susceptibles de ser criticables. Uno de ellos es la mencionada salida del balón, que en Valladolid se solucionó con la generosa participación de Ibra, quien bajaba a descongestionar el juego, así como mediante una retahíla de pases en horizontal, elevados pero con suficiente potencia como para hacer bascular la defensa rival una y otra vez, hasta que queda un hueco, que es el espacio a partir del cual se genera el juego ofensivo.
Alvés fue el rey del partido porque se convirtió en el jugador que recibió y apareció en carrera una vez superábamos la presión rival. El primer gol, mejor aún, el primer golazo, fue fruto de esta situación que describo. Iniesta está cerquita de Iniesta y Xavi es más Xavi que nunca; si el juego de los dos supera la veracidad del recuerdo que tenemos de ellos (me refiero al nivel del año pasado), las cosas siempre salen bien y todo el mundo es feliz porque triunfa el juego colectivo. Tanto la carrera de Xavi como la de Alves en el primer gol son un claro ejemplo de la receta de este grandioso equipo, basada en elementos que favorecen al conjunto, porque fueron los delanteros quienes crearon los espacios para que ambos jugadores llegaran libres de marca; mención especial para Ibra, no cesa de sacrificarse por el bien común.
El resto del partido fue un ejercicio de desgaste, de paciencia y un ejemplo más que claro de la maduración que ha conseguido el Barça en menos de un año. Cuando en el curso anterior veíamos, en ocasiones, con malos ojos el ímpetu alocado del equipo, que se iba hacia arriba en el minuto 90 sin atender a la necesaria paciencia que se requiere para afrontar los partidos de transición, los que te dirigen de una situación a otra (léase, encarar la Liga para afrontar la Champions con tranquilidad); nos enfadábamos un poco.
En cambio, ahora, es distinto, los últimos 20 minutos sirvieron para realizar una prueba, para entrenar una alternativa en partido oficial. (¡Oh!) Qué alternativa, queridos y queridas hinchas, por un momento volvimos a presenciar el esquema del maestro Cruyff, tres defensas, laterales en el centro del campo, Iniesta de Laudrup y tres delanteros.
Este Barça es una fábrica que no produce una mecánica repetida ya que constantemente vuelve a inventarse, no nos queda otro remedio que confirmar que nuestra posición en la tierra, cuando juega este equipo, se acerca a la felicidad.
Molloy





lunes 25 ene a las 08:27