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He pasado unos días pensando si de verdad es cierto que tenemos que mirar las cosas desde otra perspectiva.
Atónito, impasible y un poco irritado he ido contemplando todo lo sucedido esta semana alrededor de la tarjeta roja de CR9.Dentro de la misma línea me he quedado sorprendido por la decisión de la comisión de disciplina de la Premier en torno a la suspensión de Ferdinand; no sólo le han suspendido tres partidos por agredir a un rival sino que, además, también han considerado irrisoria, y casi vergonzosa, la reclamación que su equipo ha presentado para tratar de minimizar la sanción; en algunos aspectos, Inglaterra nos saca mucha ventaja, como lo sucedido ayer en Londres con su antiguo primer ministro.
La perspectiva es el punto de vista que conferimos a todo lo que vemos y viene dada por la manera en que todo lo que nos rodea influye en la manera en que verbalizamos todo lo que pensamos: nuestra voz, el discurso. Reclamar la invalidación de la sanción comparando el codazo de CR9 con una jugada de Messi es jugar muy bajo, significa, o así lo interpreto, implementar la política mercantilista de intereses de los medios al quehacer de un club histórico.
En el caso de poner un nombre a toda esta sinrazón quizá me acercaría al antónimo que en muchas ocasiones hemos escuchado aquí, a orillas del Mediterráneo, pero cambiándole el sentido, el punto de vista: barcelonitis.
Sí, queridos y queridas hinchas, existe una nueva pandemia contra la que hay que vacunarse. Los síntomas de nuestra madriditis presentaban un cuadro clínico basado en la imposibilidad de contestar a las excelencias de un juego (el de los ochenta) que no tenía parangón en la liga, al que luego se le tenía que sumar las reyertas históricas de la memoria de los culés, que generacionalmente comparten el sentimiento blaugrana con los otros culés, aquellos que sólo conocen el cruyffismo: los que silban a los jugadores en el campo Vs los que defienden a ultranza cualquier jugador que vista los colores de nuestra pasión, por así decirlo.
Por suerte nos están poniendo las cosas fáciles y los intentos de manipulación por parte de los media son inoportunos, carentes de clase, aburridos e impúdicos, resumiendo, que conocen la vergüenza pero demuestran cierta vanidad, algo así como un orgullo falso y un lisonjerismo mentiroso.
La barcelonitis está destapando todas estas cosas y sus primeros síntomas irrumpieron por primera vez el año pasado con toda la avalancha de titulares a partir del día que Anfield Road volvió a ser Anflied Road. Luego, podemos seguir rastreando la proliferación de la barcelonitis a finales de la temporada pasada, con el mínimo trato conferido a la gesta de nuestro equipo; por suerte, nos llueven los reconocimientos internacionales. El último episodio ha sucedido la semana pasada, justo cuando Messi se encarama en lo alto de la clasificación del pichichi CR9 regresa por sus fueros y propina un codazo con mala saña; luego, en las entrevistas, no se acuerda del nombre de su rival, le llama bajito (inferior) y repite unas frases como si fuera un ventrílocuo.
Simplemente quería dejar constancia de todo esto, del intento de defensa del culpable a través de la manipulación del imaginario colectivo, que ha sido inducido a poner en el mismo nivel al inocente. Nada más lejos de la realidad.
Esta noche, partido en Gijón, tenemos ganas y ansía para que empiece, estas semanas sin miércoles se hacen largas.
Molloy







sábado 30 ene a las 10:40