Ayer por la noche me comentaban que corría el año 1996 cuando después de una complicada victoria del Barça de Robson en el Tartiere, Oviedo, Guardiola pidió conocer al entrenador del conjunto asturiano que, a pesar de perder el partido por 2 a 4, dispuso un sistema táctico que impresionó al que por entonces era nuestro capitán.
p>Este entrenador no era otro que Lillio, que es el mismo técnico que se sentará hoy en el banquillo del Almería, un equipo que sólo ha perdido un encuentro desde su llegada y ha conseguido escalar posiciones de la tabla hasta una situación desde la que pueden observar el abismo de Segunda con cierta y relativa calma.
Las crónicas hablan de un resultado engañoso porque durante la primera parte el Oviedo perforó una y otra vez la defensa del Barça, especialmente gracias a los jugadores que aparecían desde la segunda línea. E 0-2 inicial no llegó hasta el segundo tiempo y lo contestó Oli de manera casi inmediata. Luego, Luis Enrique volvió a adelantar al Barça, pero desafortunadamente Sergi marcó un autogol. Finalmente, el gran Lucho, volvió a dejar las cosas en su sitio, pero no fue hasta el 89.
Lo más sorprendente de este partido fue el desquicio de los jugadores del Barça que acumularon un total de 6 tarjetas amarillas. La misma crónica habla del desgaste de los culés en un partido que tuvieron que correr mucho más de lo habitual debido a la disposición de los jugadores del Oviedo sobre el terreno de juego.
Dicen que, desde ese día, los caminos de Lillo y Guardiola comenzaron a cruzarse de un modo tal, que trabaron una cercana y sincera amistad. Una filiación entre ambos que llegó a su punto más culminante cuando Guardiola no quiso formar parte del proyecto Laporta, antes de que fuera presidente, y se erigió cómo director técnico del pre-candidato Lluís Bassat, a quien le sugirió que presentara a Lillo como técnico si ganaban las elecciones.
Para el día de hoy la principal baja es la de Piqué. El resto del equipo, a excepción de Abidal y el gran Keita, está al completo, incluido Henry; qué mala memoria tiene todo el mundo y qué rápido se tiran a la hoguera los héroes. Estamos en una época en que lo que caduca ya no sirve, todo es como un maldito klinex, que siempre lo usamos y tiramos. Ya no existe ese amor por los pañuelos de siempre, los de tela, los que en algunas veces tenían bordados e iniciales, que siempre te permitían recordar algún nombre, aunque te sonaras en ellos. Los mismos pañuelos que servían para agitarlos al viento en señal de reprimenda e indignación -hacia una actuación arbitral- o bien levantarte de tu asiento para mostrar la excelencia de una jugada determinada. ¡Dejemos a Henry en paz!
Los tres puntos de hoy día se antojan muy necesarios a tenor del partido que tiene lugar inmediatamente después en Madrid. No sé hasta que punto el Sevilla podrá complicar las cosas al Madrid, pero el único consejo que les daría es que no tomen la iniciativa, que dejen al Madrid coger la pelota, porque visto lo visto, cuando la tienen se pierden en agujeros negros entre tanta galaxia.
Dejemos al segundo clasificado, para especular sobre la posibilidad de que al fin, sólo quizás, podamos ver un partido en el que nuestro rival quiere jugarnos con argumentos e ideología similares a la nuestra; estoy expectante.
Molloy







sábado 06 mar a las 10:18