Sobre las 19h de la tarde de ayer, camino del estadio, hablaba con mis compañeros de asiento del partido ante el Arsenal, de la gran semana que nos espera, de Ibra, de Messi…, hasta que de repente uno de ellos, que iba con una oreja pegada a la radio, empieza a cantar la alineación prevista para el Bilbao.
Las caras de sorpresa se acentuaron a medida que caía la información: ¿Juegan Abidal y Maxwell? ¡¿Juega Chigrinskiy?! ¡¿ No sale Xavi?! ¡¿Sale Jeffren?! A partir de ese momento, la conversación derivó en un inútil intento de hacer de Guardiola y distribuir a los jugadores sobre el campo: que si iba a jugar con tres centrales y dos laterales muy ofensivos, que si jugaría Piqué como pivote…, en definitiva, daba la sensación que se trataba de uno de aquellos experimentos un tanto cryuffistas a los que El Profeta nos tenía acostumbrados.La verdad es que experimento sí hubo, pero no tanto. En un alarde, otro más, de sentido común, Guardiola sacó al mejor equipo posible para jugar ante el Bilbao: sabía que iba a reservar a Xavi para la segunda parte, un poco lo mismo que Pedro. Sabía que cuando empieza el tramo final de la temporada quería a todos sus hombres en alerta, por eso jugaron Jeffren, Bojan (entró de titular tras las molestias de Ibra) o Abidal. Hasta Chigrinskiy, quien por cierto jugó a un notable nivel y fue sinceramente aplaudido por la grada en varias ocasiones. Lo más extraño quizá fue ver a Maxwell de extremo zurdo, aunque no es una posición desconocida para él, pues ya jugó allí en el Ajax.
En definitiva, que lo que podía parecer un experimento fue una demostración de fuerza colectiva, de trabajo en equipo, de decirles a todos sus hombres que cuenta con todos y cada uno de ellos. Porque ante la magnitud de las ausencias y frente a un rival situado en posiciones europeas, ayer vivimos uno de los partidos más plácidos del año, amén de jugar unidos como un verdadero equipo. Da igual que sean Jeffren o Maxwell por la banda, porque ambos corren con las mismas ganas que Pedro. Da igual que sea Busquets en lugar de Xavi, porque las funciones las tienen ambos bien aprendidas. Y para colmo, los goleadores de ayer fueron los no habituales, salvo excepción de Messi, que siempre aparece en todas partes, sea en el campo o en las estadísticas. Ayer alguien dijo que el partido ante el Athletic fue la victoria de los anónimos, y esa es la mejor noticia posible.
Ayer Guardiola consiguió que el grupo se una más que nunca, en el momento clave de la temporada. Como decía, consiguió que todo el mundo se sienta implicado, pero que nadie se sienta más importante que el compañero, porque de lo que se trata es del equipo. Consiguió que no nos empecemos a comer la cabeza por las ausencias ante el Arsenal o las dudas para el Bernabéu, porque los que salgan lo van a dar todo para el compañero. Y al final eso es lo que cuenta, porque hay partidos en el que las individualidades pueden decidir, pero no a partir de ahora: en la semana más importante del año, ante el Arsenal y el Real Madrid, las individualidades no sirven para nada: para ganar a estos rivales hay que hacerlo como un equipo, y comportarse como tal desde el minuto 1 al minuto 90. Justo como se hizo ayer.
Lucho21





domingo 04 abr a las 16:49