Ayer leía un escrito de Félix de Azúa que hablaba sobre las cosas que queremos y amamos, y se planteaba la posibilidad de que éstas, por lo general, son siempre las que nos infunden seguridad o tranquilidad.
p>De algún modo es una aseveración que puede ser acertada, porque Azúa también argumenta que, en casi todas las ocasiones, todo lo que nos produce cierto sufrimiento y nos deja el corazón trastocado tendemos a admirarlo desde la distancia por temor a que nos pueda hacer daño. No sé si son afirmaciones que se puedan aplicar al mundo del fútbol y menos al sentimiento perico, porque si tenemos que atender a nuestra fidelidad y pasión, por un lado, y al sufrimiento que últimamente nuestro equipo nos reporta, por el otro, Azúa podría estar equivocado; o por lo menos no se habría fijado que el fútbol es una excepción a esta regla tan común.
Este año, con la inauguración del estadio tengo la sensación de que está creándose una fidelidad que comienza recordarme a la de antaño, cuando estábamos en Sarrià. Y una cosa no quita la otra, quiero decir, que no significa que durante nuestra travesía por Montjüic el sentimiento perico hay disminuido. Ni mucho menos. Sólo digo que la seguridad de disponer de una casa propia colabora cuando se trata de afianzar los lazos sentimentales entre colores-jugadores y la pasión del hincha.
No en vano, este resurgimiento de la originalidad del amor por los colores se traduce, como no podría ser de otro modo, en números; yo creo que el equipo también siente esta nueva cara del periquismo cuando jugamos en casa y prueba de ello son las victorias en casa que suman 21 puntos.
Pochettino afirma que el conjunto adolece algún problema, palabras casi textuales del técnico, psicológico cuando juega fuera de casa y lo hace como visitante. No sé hasta que punto esto es cierto y desconozco si de verdad los jugadores también sienten la ausencia de su personas correspondidas cuando viajan y están allende de la morada. La carencia de seguridad con la que jugamos como visitantes es alarmante, cierto, pero no veo otro modo para reconquistar esta seguridad que llenar el estadio este domingo para volver a ganar y demostrarles a los jugadores que, a pesar de que estamos lejos cuando no disputan los encuentros en Cornellà, también son capaces de mostrar todo lo que nos enseñan en casa.
Esta constante dicotomía entre la seguridad de la casa, donde todo orden anímico es inalterado, y la inseguridad con la que los jugadores afrontan los partidos -cómo pudimos dejar que el Xérez nos empatara, y ése gol del Málaga, que me dicen- fuera ha de romperse, como digo; pero ha de terminar desde casa y no hay otra mejor oportunidad que hacerlo este domingo contra el Villareal un conjunto que, a pesar de no estar todo lo fino que se esperaba de él, tiene suficiente calidad individual como para ponernos las cosas difíciles, pero estaremos ahí, en casa, para demostrar que a pesar del sufrimiento que implica el tener el descenso relativamente cerca, siete puntos, seguimos mostrando nuestra fidelidad y amor.
Siempre Sarrià.







jueves 04 mar a las 11:22