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Cristiano Ronaldo es uno de los mejores jugadores del planeta y uno de los mayores negocios, capaz de generar para su club 60 millones de euros anuales por derechos audiovisuales, publicidad y venta de cami
setas.La calidad que atesora en sus botas el luso es innegable. A título individual lo ha conseguido todo, y cada día se alimenta el debate Ronaldo-Messi sobre quién ostenta el trono del fútbol mundial. Pero Cristiano necesita el protagonismo, necesita hacer suya cada victoria y necesita acaparar titulares y flashes.
En palabras de Pedro Talhinhas, técnico de Cristiano Ronaldo en la cantera del Nacional de Madeira cuando el extremo apenas contaba con once años, "sólo quería ganar y era muy individualista". Esto no es sino fruto del fuerte egocentrismo que invade al portugués.
Ante el Almería pudimos ver las dos caras del astro. En su haber, regalaba a Sergio el primer gol con un preciso centro, forzaba el penalti del que llegaría el tercer gol y transformaba el cuarto y definitivo a pase del Pipita. En su debe, nuevas ocasiones erradas, incluido el penalti cuyo rechace transformó Benzema, y dos tarjetas estúpidas e infantiles que le impedirán estar en Mestalla. Ha sido muy discutida su actitud tras el gol del francés. Pero en ese momento poco le importaba la celebración, ya que Cristiano I El Deseado, en su afán por convertirse en el Oliver Atton del madridismo, había fallado un pena máxima que podía haber sido definitiva.
A continuación llegaría la charlotada, el cortocircuito que se produjo ayer en esa máquina perfecta que es el de Madeira. Se autoexpulsó en cuatro minutos, y el mismo córner del Bernabéu fue testigo de las dos portadas que copan los medios de todo el planeta. La primera, un Ronaldo en éxtasis, exhibiendo músculos tras conseguir el cuarto gol del Madrid y en ese momento sí, ser el protagonista de la obra (sabedor que le costaría la primera amarilla, pero poco le importaba). La segunda, la agresión propinada a Ortiz, respondiendo como un niño al envite del primero.
Ronaldo ya ha conquistado la cima del fútbol, pero a sus 24 años es aún joven, por lo que sería ciertamente razonable y comprensible el eximirle de ciertos comportamientos. Dicen que las comparaciones son odiosas, pero si Zidane, último dios del fútbol moderno, fue capaz de cruzar la delgada línea que separa el cielo del infierno el día que nos dejaba para siempre huérfanos de su fútbol, Ronaldo no pasará a la historia por sus defectos más humanos, sino por sus bicicletas, sus lanzamientos de falta, sus goles.
Como dice un viejo refrán…hasta la belleza más divina también defeca y orina.
Sancho





lunes 07 dic a las 13:37
Ver el partido era como escuchar un adolocente frustrado, tanta energía encerrada en el equipo de Real Madrid.
Una vez suelta y controlada esa energía hay que tener cuidado...
Bueno ver mi compatriota Goitom entrar a jugar un partido en Bernabeu!