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Nos volvimos de Gijón con un empate de sabor agridulce.
Merecimos más, pero Juan Pablo y los palos impidieron que mañana se hable de la Liga como cosa de tres, en una jornada en la que el Madrid no resolvió hasta mediada la segunda mitad y el Barcelona bajó a la tierra de los mortales. Y merecimos más pese a que el Sporting salió de inicio a por todas y supo rentabilizar el golazo tempranero de Castro. Un punto que bien pudieron ser tres por lo visto en el terreno de juego, y bien pudo quedar en nada si César no hubiera desbaratado la última ocasión del encuentro.Si en la primera vuelta nos mostramos como uno de los equipos más sólidos a domicilio, últimamente nos hemos dejado demasiados puntos, fundamentales si pretendemos dar “un paso adelante” que nos acerque a Madrid y Barça. No realizamos un mal partido, pero fuimos arrollados en los primeros minutos, y nos vimos obligados a ir a remolque en el marcador, lo que en nada favorece al juego basado en la movilidad y el contraataque.
Muchos pensábamos que Emery podía poner al Chori de inicio tras las buenas sensaciones dejadas en los minutos de los que hasta ahora había dispuesto. No fue así, si bien dispuso de media hora en la que volvió a dejar credenciales de su calidad y su buena labor entre líneas. El problema para el técnico se plantea a la hora de decidir la alineación. Si juega el Chori de inicio, ¿a costa de quién? Todos podemos jugar a ser entrenadores, especulando y haciendo nuestros propios onces.
No cabe duda que Domínguez es un refuerzo de lujo, máxime cuando ha llegado a coste cero. Pero teniendo a Mata por la izquierda, Pablo (y Joaquín) por la derecha, Villa en punta y Silva por detrás, parece difícil sentar alguno para dar entrada al argentino. Porque prescindir de alguno de los mediocentros sería un suicidio según los planteamientos del fútbol moderno. Cada cual tendrá su propuesta, pero desde luego no es fácil.
El Matador, no diga Kempes, diga gol!






