Aún recuerdo uno de los primeros posts del Manchester United en Solohinchas (Rooney el referente, 18/08/09) en el que reflexionábamos sobre el papel que deberia adquirir en el presente curso la figura de Wayne Rooney, sobretodo tras la marcha de Ronaldo al Real Madrid, un jugador que en las últimas temporadas era el finalizador del equipo y habia elevado su cifra de goles a una media de 35 por año.
Pues bien, ya entonces anticipamos que si el United queria sobreponerse a la marcha de su gran figura, había un hombre en el que lógicamente se iban a centrar todas las miradas, y que debía dar un paso al frente y hacer lo único que no había hecho hasta ese momento en Old Trafford: Rooney debía mostrarse como un goleador letal
. Debo reconocer que Wayne me ha enamorado desde el primer día que llegó al equipo, por su profesionalidad, esfuerzo, trabajo, respeto, disciplina y lucha. Le hemos visto jugar mucho tiempo en la banda, cubriendo las espaldas al mismo Ronaldo, y nunca ha mostrado una queja por ello. Wayne tiene claro que lo primero es el equipo, y sin él (sin el equipo) uno no puede brillar. Sin embargo, debo confesar que mantenía una cierta duda acerca de la verdadera capacidad goleadora de Rooney, un jugador que hasta ahora promediaba 15-20 goles por año y al que de repente se le iba a exigir que marcase 35.Si bien siempre me ha parecido que Rooney reúne todas las cualidades que necesita un buen delantero, nunca se habia especializado como verdadero killer del área, y más bien hasta la fecha era un delantero de rachas: lo único que faltaba a su juego era una verdadera consistencia goleadora, tal vez la cualidad más importante en el delantero centro de un equipo de primera fila. Una vez más, Rooney nos ha demostrado a todos que no tiene límite.
Ahora veo como una premonición lo que sucedió aquel lejano 28 de Septiembre de 2004, cuando Wayne debutó con su nuevo equipo en partido de Champions League frente al Fenerbahçe anotando un hat-trick. Wayne le dijo al mundo que estaba preparado para afrontar el reto más grande de su vida, jugar en el Manchester United. Hoy, totalmente venerado por la grada de Old Trafford, sigue rompiendo barreras y derribando obstáculos: si alguien dudaba de la capacidad de Rooney para erigirse como referente atacante del equipo, que vaya pensando en un nuevo reto para Wayne.
A los 21 goles que de momento lleva en la Premier, el martes pasado sumó dos más en la victoria ante el Milan en San Siro (2-3). Y lo hizo como sólo los grandes saben hacerlo: luchando incansablemente durante todo el encuentro, sin gozar de demasiada presencia en el juego, pero prácticamente resolviendo la eliminatoria en cuanto tuvo ocasión: Dos apariciones. Dos cabezazos. Dos goles. Una actuación de killer, de crack, que mete un pie en los cuartos de final. El desenlace lo viviremos en Old Trafford en un par de semanas, pero mientras Wayne siga a lo suyo, podemos vivir tranquilos y esperanzados en pasar a la siguiente fase.
George Red




